Nos hemos acostumbrado a tantos hechos, que aunque son abusivos o ilegales, la mayoría de los ciudadanos [consumidores] ya los ven como algo normal. Se convierten entonces en algo permitido, poco cuestionados.
Desde hace algún tiempo me han interesado los temas de consumo, y aunque para la mayoría de gente (incluyendo políticos) resultan irrelevantes o menores, cuando hacemos cuentas, podemos ver que el consumo individual de millones de personas en conjunto, conforma las economías de los países. Los consumidores son parte importantísima [afirmo], para que una empresa subsista. Sin nosotros [consumidores], ¿a quién le venderían?
Por ello, me parece inconcebible que aún así, las grandes empresas quieran aprovecharse de uno, con promociones falsas, ofertas engañosas, costos altísimos en servicios y otras cosas. Cabe destacar que en los anteriores casos, los ciudadanos [consumidores] sí se quejan, reclaman y exigen; sin embargo, ¿por qué no reclaman cuando en los supermercados y tiendas de conveniencia no les dan su cambio completo?
La respuesta es sencilla, la lógica de un consumidor [creo] se basa en que a mayor cantidad de dinero en un abuso, la reacción es “porque me voy a dejar”; pero a menor cantidad de dinero (hablando de centavos), la respuesta es que “son 20 centavos, pa’que me alcanza”.
Y con esta lógica de pensamiento, hemos transformado un hecho que a todas luces es un abuso comercial, en un hecho permitido por la gran mayoría de los ciudadanos [consumidores]. Aunque déjenme decirles que el Banco de México, en su página de internet, en la sección de estadísticas, nos informa puntualmente cuántas monedas y de qué denominación, mes por mes, están circulando*. ¿Y qué creen? Existen millones de monedas de 5,10, 20, 50 centavos circulando actualmente.
Ahora bien, entonces ¿por qué en la tiendas de autoservicio o de conveniencia, siempre se quedan con tus 10, 20 o 30 centavos y ni siquiera te dicen nada?
La respuesta es sencilla: Nosotros [consumidores] también creemos que unos centavos no son importantes. Hemos dejado que este abuso se vuelva parte de nuestra cotidianidad. Nadie reclama. Nadie hace olas por este hecho...bueno, habemos quienes sí exigimos lo justo [remarco].
Imagínense los millones de centavos que las tiendas de autoservicio o de conveniencia (todas) no regresan al día. ¡Esto sí es un robo en despoblado! Dar un número de cuánto dinero no devuelven resultaría aventurado, sin embargo, lo que sí puedo comentar es que un día yo hice cuentas del dinero que no me devolvían, y en un día, era 1 peso, a la semana 7 pesos y al mes 28. Ahora multiplícalo por un año y por el número de personas que asisten diariamente a “comprar y pagar” a estos lugares, y que encima, les hacen un redondeo arbitrario que ni siquiera se registra en la caja. ¡Válgame el santísimo!
Lo que yo recomiendo a mis amigos lectores [consumidores] es que exijan esos 10, 20 o 30 centavos, pues aunque la cantidad no es lo importante, el hecho es que nos acostumbramos a los abusos día con día. En mi experiencia personal, sí pido mis “tlalitos” [centavos] y siempre, siempre, me los dan. A veces hasta me dan de más porque no tiene cambio. Pero estamos en nuestro derecho.
No pedimos que nos den de más, simplemente nuestro cambio exacto. Empecemos todos con esta acción, y verán con en un tiempo, en las cajas de todo autoservicio o tienda en Puebla, habrá centavos para darte tu cambio. ¿Por qué lo digo?, pues porque una empresa nunca quiere perder.
Por hoy me despido, y “Si consumes en un supermercado, asegúrate de sobrevivir”
Twitter: @ConsumidorPue*Fuente:http://www.banxico.org.mx
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Nos hemos acostumbrado a tantos hechos, que aunque son abusivos o ilegales, la mayoría de los ciudadanos [consumidores] ya los ven como algo normal. Se convierten entonces en algo permitido, poco cuestionados.
Desde hace algún tiempo me han interesado los temas de consumo, y aunque para la mayoría de gente (incluyendo políticos) resultan irrelevantes o menores, cuando hacemos cuentas, podemos ver que el consumo individual de millones de personas en conjunto, conforma las economías de los países. Los consumidores son parte importantísima [afirmo], para que una empresa subsista. Sin nosotros [consumidores], ¿a quién le venderían?
Por ello, me parece inconcebible que aún así, las grandes empresas quieran aprovecharse de uno, con promociones falsas, ofertas engañosas, costos altísimos en servicios y otras cosas. Cabe destacar que en los anteriores casos, los ciudadanos [consumidores] sí se quejan, reclaman y exigen; sin embargo, ¿por qué no reclaman cuando en los supermercados y tiendas de conveniencia no les dan su cambio completo?
La respuesta es sencilla, la lógica de un consumidor [creo] se basa en que a mayor cantidad de dinero en un abuso, la reacción es “porque me voy a dejar”; pero a menor cantidad de dinero (hablando de centavos), la respuesta es que “son 20 centavos, pa’que me alcanza”.
Y con esta lógica de pensamiento, hemos transformado un hecho que a todas luces es un abuso comercial, en un hecho permitido por la gran mayoría de los ciudadanos [consumidores]. Aunque déjenme decirles que el Banco de México, en su página de internet, en la sección de estadísticas, nos informa puntualmente cuántas monedas y de qué denominación, mes por mes, están circulando*. ¿Y qué creen? Existen millones de monedas de 5,10, 20, 50 centavos circulando actualmente.
Ahora bien, entonces ¿por qué en la tiendas de autoservicio o de conveniencia, siempre se quedan con tus 10, 20 o 30 centavos y ni siquiera te dicen nada?
La respuesta es sencilla: Nosotros [consumidores] también creemos que unos centavos no son importantes. Hemos dejado que este abuso se vuelva parte de nuestra cotidianidad. Nadie reclama. Nadie hace olas por este hecho...bueno, habemos quienes sí exigimos lo justo [remarco].
Imagínense los millones de centavos que las tiendas de autoservicio o de conveniencia (todas) no regresan al día. ¡Esto sí es un robo en despoblado! Dar un número de cuánto dinero no devuelven resultaría aventurado, sin embargo, lo que sí puedo comentar es que un día yo hice cuentas del dinero que no me devolvían, y en un día, era 1 peso, a la semana 7 pesos y al mes 28. Ahora multiplícalo por un año y por el número de personas que asisten diariamente a “comprar y pagar” a estos lugares, y que encima, les hacen un redondeo arbitrario que ni siquiera se registra en la caja. ¡Válgame el santísimo!
Lo que yo recomiendo a mis amigos lectores [consumidores] es que exijan esos 10, 20 o 30 centavos, pues aunque la cantidad no es lo importante, el hecho es que nos acostumbramos a los abusos día con día. En mi experiencia personal, sí pido mis “tlalitos” [centavos] y siempre, siempre, me los dan. A veces hasta me dan de más porque no tiene cambio. Pero estamos en nuestro derecho.
No pedimos que nos den de más, simplemente nuestro cambio exacto. Empecemos todos con esta acción, y verán con en un tiempo, en las cajas de todo autoservicio o tienda en Puebla, habrá centavos para darte tu cambio. ¿Por qué lo digo?, pues porque una empresa nunca quiere perder.
Por hoy me despido, y “Si consumes en un supermercado, asegúrate de sobrevivir”
Twitter: @ConsumidorPue
*Fuente:http://www.banxico.org.mx
Desde hace tres años he participando en las carreras que organizan clubes deportivos, estaciones de radio, el propio gobierno y hasta fundaciones, y en todas, se vive un ambiente de fiesta, de camaradería. Hay emoción y mucho nervio. La gente que asiste, comparte la idea de una vida saludable. Lo disfruta. Lo hace sentir bien.
El número de participantes a veces rebasa las dos mil personas. Es un mar de gente. Para la mayoría, literalmente, ganar no es lo importante, sino participar, cumplir con algún objetivo. La cuestión es cruzar la meta, haberlo logrado. Y para muchos, se vuelve parte de uno, es adictivo participar.
Sobra decir que todos terminamos exhaustos y con mucha sed, para lo cual los organizadores siempre dan agua EMBOTELLADA, bebida REHIDRATANTE y mitades de PLÁTANO (sin albur) o NARANJA. ¡Muy bien por los organizadores!
Si, muy bien que todos impulsen el deporte. Muy bien que haya muchas carreras, donde participen miles de poblanos al año. Muy bien por los que desean estar saludables. Muy bien…aunque muy mal por el lado del medio ambiente.
En mi experiencia, en ninguna carrera [digo yo] se han preocupado por el qué hacer con tanta botella de plástico. En ninguna carrera he visto, escuchado o leído, que se diga algo al respecto. Al terminar una carrera, los botes son insuficientes, se desbordan de botellas y demás desechos, todo se mezcla y la mayoría de los participantes [creo] no reparan en la gran cantidad de material que pudiera ser reciclado.
Si nos ponemos a hacer cuentas tan solo en una carrera, en promedio, se generan 1500 botellas de plástico, teniendo en cuenta un promedio de participantes (aunque pudieran ser más) y que a cada corredor le toque una bebida (aunque a veces dan dos, agua y Gatorade). Ahora bien, sí al año hay aproximadamente 10 carreras organizadas por diferentes entidades, tendremos que en 365 días en Puebla se generan 15 mil botellas de plástico, susceptibles a ser recicladas, pero que [aventuro] no lo son, por que al final [pienso] lo que menos importa es la basura.
Este, obviamente es un escenario promedio hipotético, pudiendo ser más la cantidad de PET que se genera y que termina en el basurero, no lo dudo.
Ahora bien, si el gobierno municipal y estatal, clubes deportivos como Excersite y SportCity, estaciones de radio como Imagen, empresas como VW o fundaciones como Farmacias Similares, tan solo por poner algunos ejemplos de los más renombrados y de mayor convocatoria, se esfuerzan por generar una cultura del deporte, de estar saludables, ¿por qué no se preocupan por generar una cultura del cuidado del medio ambiente, cultura del reciclado?
Por puro sentido común [pienso], lo que se debe hacer es invitar a una empresa que se dedique al reciclado de plástico. Ponerla como uno de los patrocinadores. Que se encargue de instalar contenedores, de esos grandotes que se encuentran en Walt- Mart. Invitar al principio, durante y al final de la carrera a cada uno de los participantes a depositar las botellas en los contenedores. Y de este modo, lo que se debe reciclar, se va a reciclar. ¿No lo creen?
Aunque bueno, tal vez no sea así de sencillo. Tal vez se necesiten de muchos trámites y permisos, por lo cual, a los organizadores de carrereas les es imposible llevar a cabo este tipo de acción a favor del medio ambiente.
¿Y la Secretaria de Medio Ambiente y Recursos Naturales (ahora de Sustentabilidad Ambiental y Reordenamiento Territorial), hacía algo al respecto? Yo realmente dudo que hiciera algo, por que como dije, he participando en estas carreras desde hace tres años y nunca me percaté de su presencia ni de que hicieran labor alguna. Ahora esperemos que la nueva super Secretaría volteé y le dé importancia al tema, que participe con voluntarios (que los hay y muchos) para que estas carrereas aparte de ser saludables sean amigables con el medio ambiente.
¿Y los corredores qué? Pues los corredores, tanto hay a quienes les viene valiendo el tema del reciclado, como los que si se preocupan y no tiran la botella. Aunque los muchos, [acepto] pues tiramos las botellas en los botes, donde todo se mezcla y nada se recicla, aunque en este caso, creo yo, si hubiera botes de reciclado, los utilizaríamos.
Porque como diría nuestro Presidente Municipal, “la Puebla que queremos”, la que queremos saludable, limpia y en la onda verde. Finalmente, aunque al momento de hacer esta columna, aún no se llevaba acabó la Carrera Municipal “Corramos con la Mujer contra la Violencia”, realmente espero que haya tenido éxito y que hayan visualizado este importante tema ecológico, pues será la primera en hacerlo [creo]…y si no, reafirmará todo cuánto he dicho por acá. Y si en alguna carrera sí reciclaron, que nos lo hagan saber con evidencias para difundirlo, porque la percepción que plasmo coincidirá [imagino] con la de muchos ciudadanos.
Por hoy me despido, y “Si consumes en exceso, asegúrate de sobrevivir”. Twitter: @ConsumidorPue
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Desde hace tres años he participando en las carreras que organizan clubes deportivos, estaciones de radio, el propio gobierno y hasta fundaciones, y en todas, se vive un ambiente de fiesta, de camaradería. Hay emoción y mucho nervio. La gente que asiste, comparte la idea de una vida saludable. Lo disfruta. Lo hace sentir bien.
El número de participantes a veces rebasa las dos mil personas. Es un mar de gente. Para la mayoría, literalmente, ganar no es lo importante, sino participar, cumplir con algún objetivo. La cuestión es cruzar la meta, haberlo logrado. Y para muchos, se vuelve parte de uno, es adictivo participar.
Sobra decir que todos terminamos exhaustos y con mucha sed, para lo cual los organizadores siempre dan agua EMBOTELLADA, bebida REHIDRATANTE y mitades de PLÁTANO (sin albur) o NARANJA. ¡Muy bien por los organizadores!
Si, muy bien que todos impulsen el deporte. Muy bien que haya muchas carreras, donde participen miles de poblanos al año. Muy bien por los que desean estar saludables. Muy bien…aunque muy mal por el lado del medio ambiente.
En mi experiencia, en ninguna carrera [digo yo] se han preocupado por el qué hacer con tanta botella de plástico. En ninguna carrera he visto, escuchado o leído, que se diga algo al respecto. Al terminar una carrera, los botes son insuficientes, se desbordan de botellas y demás desechos, todo se mezcla y la mayoría de los participantes [creo] no reparan en la gran cantidad de material que pudiera ser reciclado.
Si nos ponemos a hacer cuentas tan solo en una carrera, en promedio, se generan 1500 botellas de plástico, teniendo en cuenta un promedio de participantes (aunque pudieran ser más) y que a cada corredor le toque una bebida (aunque a veces dan dos, agua y Gatorade). Ahora bien, sí al año hay aproximadamente 10 carreras organizadas por diferentes entidades, tendremos que en 365 días en Puebla se generan 15 mil botellas de plástico, susceptibles a ser recicladas, pero que [aventuro] no lo son, por que al final [pienso] lo que menos importa es la basura.
Este, obviamente es un escenario promedio hipotético, pudiendo ser más la cantidad de PET que se genera y que termina en el basurero, no lo dudo.
Ahora bien, si el gobierno municipal y estatal, clubes deportivos como Excersite y SportCity, estaciones de radio como Imagen, empresas como VW o fundaciones como Farmacias Similares, tan solo por poner algunos ejemplos de los más renombrados y de mayor convocatoria, se esfuerzan por generar una cultura del deporte, de estar saludables, ¿por qué no se preocupan por generar una cultura del cuidado del medio ambiente, cultura del reciclado?
Por puro sentido común [pienso], lo que se debe hacer es invitar a una empresa que se dedique al reciclado de plástico. Ponerla como uno de los patrocinadores. Que se encargue de instalar contenedores, de esos grandotes que se encuentran en Walt- Mart. Invitar al principio, durante y al final de la carrera a cada uno de los participantes a depositar las botellas en los contenedores. Y de este modo, lo que se debe reciclar, se va a reciclar. ¿No lo creen?
Aunque bueno, tal vez no sea así de sencillo. Tal vez se necesiten de muchos trámites y permisos, por lo cual, a los organizadores de carrereas les es imposible llevar a cabo este tipo de acción a favor del medio ambiente.
¿Y la Secretaria de Medio Ambiente y Recursos Naturales (ahora de Sustentabilidad Ambiental y Reordenamiento Territorial), hacía algo al respecto? Yo realmente dudo que hiciera algo, por que como dije, he participando en estas carreras desde hace tres años y nunca me percaté de su presencia ni de que hicieran labor alguna. Ahora esperemos que la nueva super Secretaría volteé y le dé importancia al tema, que participe con voluntarios (que los hay y muchos) para que estas carrereas aparte de ser saludables sean amigables con el medio ambiente.
¿Y los corredores qué? Pues los corredores, tanto hay a quienes les viene valiendo el tema del reciclado, como los que si se preocupan y no tiran la botella. Aunque los muchos, [acepto] pues tiramos las botellas en los botes, donde todo se mezcla y nada se recicla, aunque en este caso, creo yo, si hubiera botes de reciclado, los utilizaríamos.
Porque como diría nuestro Presidente Municipal, “la Puebla que queremos”, la que queremos saludable, limpia y en la onda verde. Finalmente, aunque al momento de hacer esta columna, aún no se llevaba acabó la Carrera Municipal “Corramos con la Mujer contra la Violencia”, realmente espero que haya tenido éxito y que hayan visualizado este importante tema ecológico, pues será la primera en hacerlo [creo]…y si no, reafirmará todo cuánto he dicho por acá. Y si en alguna carrera sí reciclaron, que nos lo hagan saber con evidencias para difundirlo, porque la percepción que plasmo coincidirá [imagino] con la de muchos ciudadanos.
Por hoy me despido, y “Si consumes en exceso, asegúrate de sobrevivir”.
Twitter: @ConsumidorPue
En un mundo vertiginoso, bullicioso y para muchos [ creo] desalentador, esta es la gente que me gusta.
Me gusta la gente que vibra, que participa y que grita a todo pulmón lo que siente y lo que quiere. La gente que a pesar de ser abandonada por sus fuerzas, continúa moribunda en medio de la protesta, en medio de una causa justa, hasta el final.
Me gusta la gente que a pesar de no compartir la opinón de otros, la respeta y enrique la suya. Abierta al diálogo. Que rechaza la homogeneidad de pensamiento.
Me gusta la gente que siempre tiene en la mente un “como sí” se pueden hacer las cosas. Que no espera que sus problemas sean resueltos por otros. La gente que ha dejado el paternalismo atrás.
Me gusta la gente que cuestiona y reflexiona, pero sobre todo, que actúa. La gente que vota, la gente que debate, la gente que festeja, la gente humilde en la victoria. Pero sobre todo, aquellos que se únen para conseguir los cambios que se requieren.
Me gusta la gente que no se deja manipular, ni comprar con una torta y refresco “coca-cola o pecsi”. La gente que piensa diferente, por que esta gente es la que será recordada a través de la historia, por que es esta gente quien ha edificado democracias, libertad y derechos.
Me gusta la gente que posee sentido de la justicia. A estos los llamo Denise Dresser, Manuel García Estrada, José María Pumarino, Isabel Wallace, Gabriel Hinojosa…Dios. La gente luchona. Y toda la demás gente que es justa y humilde, que por lo general, quedan en el anonimato.
Me gusta la gente que no solo se queja sino que desde su trinchera hace algo para tener un México mejor. La gente que, a pesar de saber que perderá algo de tiempo, va a las dependencias de gobierno y hace valer su derecho a inconformarse, a reclamar, a pedir, a denunciar, a exigir. La gente que no se detiene en hacer algo, por pensar que de nada servirá. Me gusta la gente que es honesta.
Me gusta la gente informada de lo que pasa en su ciudad y su país, por que sólo así formará parte de las desiciones importantes, de las desciciones de sus gobernantes. La gente que no se cree todo lo que ve, ni todo lo que lee, ni todo lo que oye. Aquellos que después de conocer bien el tema, tratese del que se trate, entonces emite un juicio.
Me gusta la gente que se siente orgullosa de ser Mexicano y que no aparenta falso patriotismo la noche del 16 de septiembre o por la frenta heróica de la Batalla del 5 de Mayo [ Atención: Poblanos]. Que trata de conocer nuestra historia y lo que aprendió, lo comparte.
Me gusta la gente que no tira basura en la calle, que utiliza el puente peatonal, que se cruza el cinturón de seguridad, que no se pasa el alto, que da el asiento a las personas mayores en el autobus. Me gusta la gente que enseña a sus hijos el respeto a la ley y predica con el ejemplo.
Me gusta la gente que el dia de hoy llegó a su trabajo con una actitud positiva. La gente que sonrie, te trata bien, te orienta, te informa, te ayuda, a pesar de que aveces no le vaya tan bien.
La gente que cree [como yo] que México ya cambio y que puede mejorar aún más. Me gusta la gente que tiene fé y se mantiene firme ante las críticas y tormentas.
Como verán, hay un montonón de gente que me gusta en este mundo vertiginoso, bullicioso y para muchos [ creo] desalentador, y aunque hay mucha más gente que no he mencionado, saben que son parte de esa gente que me gusta…y muchisisimo.
Toda esta gente, la que me gusta, es la que quiero que se multipliquecon la que quiero llenar a mi país, a mi México.
Twitter: @ConsumidorPueY sí consumes, ¡asegúrate de sobrevivir!
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En un mundo vertiginoso, bullicioso y para muchos [ creo] desalentador, esta es la gente que me gusta.
Me gusta la gente que vibra, que participa y que grita a todo pulmón lo que siente y lo que quiere. La gente que a pesar de ser abandonada por sus fuerzas, continúa moribunda en medio de la protesta, en medio de una causa justa, hasta el final.
Me gusta la gente que a pesar de no compartir la opinón de otros, la respeta y enrique la suya. Abierta al diálogo. Que rechaza la homogeneidad de pensamiento.
Me gusta la gente que siempre tiene en la mente un “como sí” se pueden hacer las cosas. Que no espera que sus problemas sean resueltos por otros. La gente que ha dejado el paternalismo atrás.
Me gusta la gente que cuestiona y reflexiona, pero sobre todo, que actúa. La gente que vota, la gente que debate, la gente que festeja, la gente humilde en la victoria. Pero sobre todo, aquellos que se únen para conseguir los cambios que se requieren.
Me gusta la gente que no se deja manipular, ni comprar con una torta y refresco “coca-cola o pecsi”. La gente que piensa diferente, por que esta gente es la que será recordada a través de la historia, por que es esta gente quien ha edificado democracias, libertad y derechos.
Me gusta la gente que posee sentido de la justicia. A estos los llamo Denise Dresser, Manuel García Estrada, José María Pumarino, Isabel Wallace, Gabriel Hinojosa…Dios. La gente luchona. Y toda la demás gente que es justa y humilde, que por lo general, quedan en el anonimato.
Me gusta la gente que no solo se queja sino que desde su trinchera hace algo para tener un México mejor. La gente que, a pesar de saber que perderá algo de tiempo, va a las dependencias de gobierno y hace valer su derecho a inconformarse, a reclamar, a pedir, a denunciar, a exigir. La gente que no se detiene en hacer algo, por pensar que de nada servirá. Me gusta la gente que es honesta.
Me gusta la gente informada de lo que pasa en su ciudad y su país, por que sólo así formará parte de las desiciones importantes, de las desciciones de sus gobernantes. La gente que no se cree todo lo que ve, ni todo lo que lee, ni todo lo que oye. Aquellos que después de conocer bien el tema, tratese del que se trate, entonces emite un juicio.
Me gusta la gente que se siente orgullosa de ser Mexicano y que no aparenta falso patriotismo la noche del 16 de septiembre o por la frenta heróica de la Batalla del 5 de Mayo [ Atención: Poblanos]. Que trata de conocer nuestra historia y lo que aprendió, lo comparte.
Me gusta la gente que no tira basura en la calle, que utiliza el puente peatonal, que se cruza el cinturón de seguridad, que no se pasa el alto, que da el asiento a las personas mayores en el autobus. Me gusta la gente que enseña a sus hijos el respeto a la ley y predica con el ejemplo.
Me gusta la gente que el dia de hoy llegó a su trabajo con una actitud positiva. La gente que sonrie, te trata bien, te orienta, te informa, te ayuda, a pesar de que aveces no le vaya tan bien.
La gente que cree [como yo] que México ya cambio y que puede mejorar aún más. Me gusta la gente que tiene fé y se mantiene firme ante las críticas y tormentas.
Como verán, hay un montonón de gente que me gusta en este mundo vertiginoso, bullicioso y para muchos [ creo] desalentador, y aunque hay mucha más gente que no he mencionado, saben que son parte de esa gente que me gusta…y muchisisimo.
Toda esta gente, la que me gusta, es la que quiero que se multipliquecon la que quiero llenar a mi país, a mi México.
Twitter: @ConsumidorPue
Y sí consumes, ¡asegúrate de sobrevivir!
Caminar por la Calzada Zavaleta puede resultar una aventura. En mi experiencia, y lo podrán confirmar los expertos en urbanismo, es una avenida que no está hecha para los peatones. La razón de mi aseveración es simple y comprobable.
Desde que uno empieza a caminar poco antes de la puerta de acceso del Fraccionamiento Concepción la Cruz, la banqueta del lado derecho es mínima hasta llegar a la primera plaza (Plaza Comercial, que por cierto, tampoco deja banqueta). Al llegar a la esquina con Camino Real a Cholula, de un lado esta Linfolab, quien ha hecho del paso peatonal estacionamiento en batería y del otro lado Blockbuster, con una banqueta maltrecha que apenas se percibe.
Quieren más ejemplos, pues sigamos. Farmacias Guadalajara, la tienda Decoré y los negocios que están a su lado, Tintorería Presto y sus vecinos, el edificio donde se ubican el Restaurante los Manteles y Obento Sushi, el Oxxo al lado de la gasolinera, el Almorzero y sus vecinos de nieves y de ahí todos los que siguen hasta llegar al semáforo. Todos, todos, utilizan la baqueta como un estacionamiento sin fin, sin la mínima preocupación de los peatones [consumidores], que los habemos y muchos.
Haber mencionado los nombres de los negocios es con la finalidad, única y exclusiva, para que las personas que nos leen, visualicen y ubiquen de qué les habló. Quiero pensar que todos los que se han instalado en la Calzada Zavaleta, también son víctimas [aunque tengo mis dudas] de la mala planeación urbana de la Administración Municipal que corresponda, ya que no podemos culpar al actual, ni al anterior, ni al anterior gobierno.
Lo cierto que es que tenemos una avenida muy comercial, donde se instalan franquicias y nuevos negocios sin contar con un estacionamiento como debe, infringiendo la ley [creo yo] al pintar sus rayas amarillas sobre la misma banqueta para indicar cajones de aparcamiento… bueno… aunque debo decir que algunos sí cuentan con algunos espacios, pero para medios coches o de la marca “smart”. Y también hay que decir, que otros negocios sí dejan banqueta, aunque por lo angosta que es, solo puede andar una persona.
Pues bien, sea culpa del gobierno por no haber ejecutado un plan maestro de urbanización o de los propietarios de los negocios por “agandallarse” sin más el paso peatonal, la ciudad está llena de vialidades como la Calzada Zavaleta. Otro ejemplo, la 31 poniente- oriente. ¡O me dejarán mentir!
El “robo” de las banquetas para estacionamiento, es solo uno de los problemas que enfrentan los peatones al caminar las calles, ni que hablar de los automóviles que se estacionan enfrente de los paraderos y en consecuencia el autobús no tiene donde estacionarse o el poco respeto que tienen los conductores del volante [me refiero a todos] de la señalización vial.
En fin, tal parece que muchas -las más importantes- calles de Puebla no están hechas para los peatones. Lo que toca, y lo que esperamos como ciudadanos, es que empiece a haber un orden en este tipo de temas que por su naturaleza, es lo último que ve un gobierno municipal; sin embargo, hay que recordar que la movilidad urbana en una ciudad, también es parte importante de la calidad de vida de sus habitantes [consumidores].
¡Imagínense! Una ciudad donde no haya banquetas para caminar por que los negocios las han utilizado para estacionamiento en batería.
Ahora bien, la propuesta empieza con el reconocimiento de las autoridades de que deben hacer algo, de los ciudadanos de exigir que se respeten los espacios y de los negocios, de no trasgredir lo que a todas luces, es violatorio de la ley [digo yo]. Hacer algo no es nada del otro mundo, sin embargo, [estoy seguro] pasaran algunas administraciones más para que se tomen cartas en el asunto y por lo mientras, pues los invito a recorrer la “Gran Vía Peatonal”, en patines, en bicicleta o caminando.
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Caminar por la Calzada Zavaleta puede resultar una aventura. En mi experiencia, y lo podrán confirmar los expertos en urbanismo, es una avenida que no está hecha para los peatones. La razón de mi aseveración es simple y comprobable.
Desde que uno empieza a caminar poco antes de la puerta de acceso del Fraccionamiento Concepción la Cruz, la banqueta del lado derecho es mínima hasta llegar a la primera plaza (Plaza Comercial, que por cierto, tampoco deja banqueta). Al llegar a la esquina con Camino Real a Cholula, de un lado esta Linfolab, quien ha hecho del paso peatonal estacionamiento en batería y del otro lado Blockbuster, con una banqueta maltrecha que apenas se percibe.
Quieren más ejemplos, pues sigamos. Farmacias Guadalajara, la tienda Decoré y los negocios que están a su lado, Tintorería Presto y sus vecinos, el edificio donde se ubican el Restaurante los Manteles y Obento Sushi, el Oxxo al lado de la gasolinera, el Almorzero y sus vecinos de nieves y de ahí todos los que siguen hasta llegar al semáforo. Todos, todos, utilizan la baqueta como un estacionamiento sin fin, sin la mínima preocupación de los peatones [consumidores], que los habemos y muchos.
Haber mencionado los nombres de los negocios es con la finalidad, única y exclusiva, para que las personas que nos leen, visualicen y ubiquen de qué les habló. Quiero pensar que todos los que se han instalado en la Calzada Zavaleta, también son víctimas [aunque tengo mis dudas] de la mala planeación urbana de la Administración Municipal que corresponda, ya que no podemos culpar al actual, ni al anterior, ni al anterior gobierno.
Lo cierto que es que tenemos una avenida muy comercial, donde se instalan franquicias y nuevos negocios sin contar con un estacionamiento como debe, infringiendo la ley [creo yo] al pintar sus rayas amarillas sobre la misma banqueta para indicar cajones de aparcamiento… bueno… aunque debo decir que algunos sí cuentan con algunos espacios, pero para medios coches o de la marca “smart”. Y también hay que decir, que otros negocios sí dejan banqueta, aunque por lo angosta que es, solo puede andar una persona.
Pues bien, sea culpa del gobierno por no haber ejecutado un plan maestro de urbanización o de los propietarios de los negocios por “agandallarse” sin más el paso peatonal, la ciudad está llena de vialidades como la Calzada Zavaleta. Otro ejemplo, la 31 poniente- oriente. ¡O me dejarán mentir!
El “robo” de las banquetas para estacionamiento, es solo uno de los problemas que enfrentan los peatones al caminar las calles, ni que hablar de los automóviles que se estacionan enfrente de los paraderos y en consecuencia el autobús no tiene donde estacionarse o el poco respeto que tienen los conductores del volante [me refiero a todos] de la señalización vial.
En fin, tal parece que muchas -las más importantes- calles de Puebla no están hechas para los peatones. Lo que toca, y lo que esperamos como ciudadanos, es que empiece a haber un orden en este tipo de temas que por su naturaleza, es lo último que ve un gobierno municipal; sin embargo, hay que recordar que la movilidad urbana en una ciudad, también es parte importante de la calidad de vida de sus habitantes [consumidores].
¡Imagínense! Una ciudad donde no haya banquetas para caminar por que los negocios las han utilizado para estacionamiento en batería.
Ahora bien, la propuesta empieza con el reconocimiento de las autoridades de que deben hacer algo, de los ciudadanos de exigir que se respeten los espacios y de los negocios, de no trasgredir lo que a todas luces, es violatorio de la ley [digo yo]. Hacer algo no es nada del otro mundo, sin embargo, [estoy seguro] pasaran algunas administraciones más para que se tomen cartas en el asunto y por lo mientras, pues los invito a recorrer la “Gran Vía Peatonal”, en patines, en bicicleta o caminando.
Seguramente nadie, quien haya vivido de cerca el holocausto, hubiera pensado que los campos de concentración, aquellos donde se cometieron tremendas horrorosidades, se convertirían en un punto de atracción décadas más tarde o que la cárcel de Phnom Penh en Camboya, donde se dice que 17 mil prisioneros murieron por tortura, ahora sea un Museo que al recorrerlo te oprime el pecho y te arranca un gesto de impotencia.
Pues en efecto, estos y otros lugares son un gran imán de viajeros “extremos”, la nueva [aunque ni tan nueva, de hecho] tendencia de viajar; y a pesar de los ejemplos que les puedo mencionar, hay muchos más, y recordemos, cada quien se forma su opinión.
Empecemos con uno de los desastres naturales de Italia. En el año 79, la erupción del Vesubio provocó que gruesas capas de ceniza cubrieran las ciudades de Pompeya –la más famosa- y Herculano. Miles de personas perecieron por la asfixia. Muchos años después de su descubrimiento, pero muchos más, Pompeya, recobró su vitalidad y bullicioso, gracias a los miles de turistas que la visitan.
Platicando con amigos que han podido recorrer sus estrechas calles y visto con sus propios ojos los cuerpos de los pompeyanos petrificados, tras una cadena de “no pase”, me doy cuenta que resulta imposible abstraerse de este tipo de lugares. Imposible no estudiarlo. Imposible no verlos y preguntarse qué fue lo que habrán sentido. Sin miramientos, los turistas [consumidores] se toman la fotografía del recuerdo.
Otro acontecimiento de dimensiones incalculables fue Chernobil. Accidente nuclear sin precedente, acontecido en el año de 1986, nos dejó un fantasma que continúa presente en las consecuencias de miles de personas que estuvieron expuestas a la radiación. Sin embargo, el año pasado volvió a la agenda internacional tras el anuncio del Ministro de Emergencias de Ucrania, Viktor Baloga, sobre las visitas guiadas que las operadoras turísticas podrán ofrecer a los visitantes [consumidores]. Y aunque habrá muchos que ya recorrieron clandestinamente Chernobil, ya se preparan rutas autorizadas.
La Zona de Exclusión, como se le conoce al área afectada, tendrá una nueva explosión, pero de ojos curiosos, habidos de conocer el lugar, recorrerlo, mirarlo, respirarlo y por supuesto, tomarse la fotografía del recuerdo. ¡Hagan maletas!
Acercándonos más al tiempo actual, en la última década, los actos terroristas que terminaron con la vida de cientos de inocentes que se encontraban en la Torres Gemelas de New York (2001), vino a confirmar desde un punto de vista [digo yo] sociológico, que el ser humano es propenso a caer en la garras de la morbosidad. Después del luto que se guardo por los familiares de las personas fallecidas y los homenajes oficiales, la Zona Cero se convirtió en un hervidero de visitantes que, inevitablemente, querían ver los restos de lo que representó por mucho tiempo el poder económico de los Estados Unidos. Con palabras simples, burdas y llanas, el “gran hoyo”, se convirtió en una atracción más en las rutas del turibus.
He de suponer, que algunos visitantes [consumidores] emitían una exclamación de asombro, de impotencia, de tristeza, incluso alguna lagrima; pero siendo seres humanos, a los muchos [imagino atrevidamente], simplemente les provocó un “wow” o un “no manches”, traducido en todos los idiomas, por supuesto.
Hoy día, año 2011, con un pueblo estadounidense recuperado y con nuevos bríos, la construcción de la Torre de la Libertad -One World Trade Center- resulta ser una de las atracciones más visitadas y más aludidas en los relatos de los viajeros que han regresado a sus lugares de origen. Y ni que decir de lo que representará su inauguración en el 2013, fecha en la que todos los afortunados que estén por allá, querrán tomarse la fotografía del recuerdo.
Ahora bien, ¿por qué sentimos esa atracción a lugares de este tipo? ¿Es inevitable tomarnos la fotografía? ¿Lo hacemos porque es simplemente parte del viaje, de nuestra experiencia o por qué tendremos de que hablar cuando regresemos? ¿Entendemos y sentimos realmente lo que pasó ahí?
A mi parecer, y desde mi particular punto de vista, ciudades que han sufrido algún suceso extraordinario, negativo o positivo, inevitablemente son puntos de interés. Cada quien tendrá su opinión sobre sí es moral o una burla tomarse esa foto y sonreír, teniendo como fondo los restos de un hecho trágico. Cada quien sabrá como tomar esa experiencia ubicada en su nuevo contexto pero con una historia detrás. Cada quién pondrá limites a su irreverencia y falta de respeto al pisar estos sitios. Y habrá muchos que saldrán de ahí con nuevos valores y con una perspectiva diferente de la naturaleza del ser humano. Sé comprenderán un poco más a sí mismo.
En fin, moda o no, son parte de la oferta turística, que deja buenos dividendos para todo el círculo económico del turismo. Y como diría el dicho, si la vida te da limones…pues has limonada [con mal sabor de boca al principio, pero que $eguro se quita], no creen.
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Seguramente nadie, quien haya vivido de cerca el holocausto, hubiera pensado que los campos de concentración, aquellos donde se cometieron tremendas horrorosidades, se convertirían en un punto de atracción décadas más tarde o que la cárcel de Phnom Penh en Camboya, donde se dice que 17 mil prisioneros murieron por tortura, ahora sea un Museo que al recorrerlo te oprime el pecho y te arranca un gesto de impotencia.
Pues en efecto, estos y otros lugares son un gran imán de viajeros “extremos”, la nueva [aunque ni tan nueva, de hecho] tendencia de viajar; y a pesar de los ejemplos que les puedo mencionar, hay muchos más, y recordemos, cada quien se forma su opinión.
Empecemos con uno de los desastres naturales de Italia. En el año 79, la erupción del Vesubio provocó que gruesas capas de ceniza cubrieran las ciudades de Pompeya –la más famosa- y Herculano. Miles de personas perecieron por la asfixia. Muchos años después de su descubrimiento, pero muchos más, Pompeya, recobró su vitalidad y bullicioso, gracias a los miles de turistas que la visitan.
Platicando con amigos que han podido recorrer sus estrechas calles y visto con sus propios ojos los cuerpos de los pompeyanos petrificados, tras una cadena de “no pase”, me doy cuenta que resulta imposible abstraerse de este tipo de lugares. Imposible no estudiarlo. Imposible no verlos y preguntarse qué fue lo que habrán sentido. Sin miramientos, los turistas [consumidores] se toman la fotografía del recuerdo.
Otro acontecimiento de dimensiones incalculables fue Chernobil. Accidente nuclear sin precedente, acontecido en el año de 1986, nos dejó un fantasma que continúa presente en las consecuencias de miles de personas que estuvieron expuestas a la radiación. Sin embargo, el año pasado volvió a la agenda internacional tras el anuncio del Ministro de Emergencias de Ucrania, Viktor Baloga, sobre las visitas guiadas que las operadoras turísticas podrán ofrecer a los visitantes [consumidores]. Y aunque habrá muchos que ya recorrieron clandestinamente Chernobil, ya se preparan rutas autorizadas.
La Zona de Exclusión, como se le conoce al área afectada, tendrá una nueva explosión, pero de ojos curiosos, habidos de conocer el lugar, recorrerlo, mirarlo, respirarlo y por supuesto, tomarse la fotografía del recuerdo. ¡Hagan maletas!
Acercándonos más al tiempo actual, en la última década, los actos terroristas que terminaron con la vida de cientos de inocentes que se encontraban en la Torres Gemelas de New York (2001), vino a confirmar desde un punto de vista [digo yo] sociológico, que el ser humano es propenso a caer en la garras de la morbosidad.
Después del luto que se guardo por los familiares de las personas fallecidas y los homenajes oficiales, la Zona Cero se convirtió en un hervidero de visitantes que, inevitablemente, querían ver los restos de lo que representó por mucho tiempo el poder económico de los Estados Unidos. Con palabras simples, burdas y llanas, el “gran hoyo”, se convirtió en una atracción más en las rutas del turibus.
He de suponer, que algunos visitantes [consumidores] emitían una exclamación de asombro, de impotencia, de tristeza, incluso alguna lagrima; pero siendo seres humanos, a los muchos [imagino atrevidamente], simplemente les provocó un “wow” o un “no manches”, traducido en todos los idiomas, por supuesto.
Hoy día, año 2011, con un pueblo estadounidense recuperado y con nuevos bríos, la construcción de la Torre de la Libertad -One World Trade Center- resulta ser una de las atracciones más visitadas y más aludidas en los relatos de los viajeros que han regresado a sus lugares de origen. Y ni que decir de lo que representará su inauguración en el 2013, fecha en la que todos los afortunados que estén por allá, querrán tomarse la fotografía del recuerdo.
Ahora bien, ¿por qué sentimos esa atracción a lugares de este tipo? ¿Es inevitable tomarnos la fotografía? ¿Lo hacemos porque es simplemente parte del viaje, de nuestra experiencia o por qué tendremos de que hablar cuando regresemos? ¿Entendemos y sentimos realmente lo que pasó ahí?
A mi parecer, y desde mi particular punto de vista, ciudades que han sufrido algún suceso extraordinario, negativo o positivo, inevitablemente son puntos de interés. Cada quien tendrá su opinión sobre sí es moral o una burla tomarse esa foto y sonreír, teniendo como fondo los restos de un hecho trágico. Cada quien sabrá como tomar esa experiencia ubicada en su nuevo contexto pero con una historia detrás. Cada quién pondrá limites a su irreverencia y falta de respeto al pisar estos sitios. Y habrá muchos que saldrán de ahí con nuevos valores y con una perspectiva diferente de la naturaleza del ser humano. Sé comprenderán un poco más a sí mismo.
En fin, moda o no, son parte de la oferta turística, que deja buenos dividendos para todo el círculo económico del turismo. Y como diría el dicho, si la vida te da limones…pues has limonada [con mal sabor de boca al principio, pero que $eguro se quita], no creen.
“Joven arrollado por el tren, pierde las piernas”, esta ha sido la noticia difundida en el noticiero del pueblo. La señora que reportó el accidente, comentó que el jóven no escuchó que venía el tren por que tenía los audífonos puestos, y lógico es pensar, que el volúmen era suficientemente fuerte para no percatarse del sonido tan peculiar que emite este bolido de acero.
Mas allá de la tragedía que resultó para el joven, misma que sentimos debido a todo lo que lleva consigo para la familia, debemos reflexionar el hecho desde varios puntos de vista, y usted será el que decida cual tiene mayor peso o cual tiene mayor relevancia social para los ciudadanos.
Desde que el “Walkman” hizó su aparición a finales de los 70’s, brindó a los individuos [consumidores] la posibilidad de asilarse en su propio mundo bajo las notas músicales de su preferencia. Poseer uno de estos aparatos, nos proporcionaba la sensación de ir caminando a la par de los nuevos tiempos, al lado del futuro. Y hoy, lo sigue haciendo, nada más que ahora le llamamos Ipod o en el caso más popular, lo tenemos integrado al celular.
Escuchar música con el Ipod o con el celular, se ha vuelto un hábito [de consumo] muy común. Llendo al trabajo, caminando en la calle, mientras corremos, a la hora de la comida, en una conferencia aburrida…en fin. De igual manera, el número de personas que lo hacen [siento], va en aumento, y me doy cuenta de ello cuando en un autobus de 30 pasajeros, al menos, seis personas llevan audífonos.
Percatarme del incremento de personas que usan audífonos, en primer lugar me habla de una tendencia social, que de manera académica [digo yo] nos habla del asilamiento que desean los individuos aún estando en un lugar público o de manera sencilla, para los que viajamos en autobus, simplemente nos molesta las rolas del chofer. Sin duda, puede ser motivo de estudio, pero lo más relevante, a mi parecer, no es este hecho lo que nos debe preocupar, sino el problema de salud que podemos tener como sociedad.
Lo anterior lo digo por que cuando utilizamos aúdífonos, perdemos la noción de que tan fuerte estamos escuchando la música. Me ha ocurrido algunas veces, que la persona que viene a mi lado en un transporte público escucha su Ipod tan alto que hasta dos asientos más adelante la pueden oir. ¡Imáginense!, que tan alto está el volúmen para que los demás puedan disfrutar de su música también.
En mi caso particular, he de decir que durante tres años utilice audífonos para escuchar noticias en mi radio portátil, en promedio, cuatro horas diarias, y llegó el punto en que el volúmen no me era suficiente. Este hecho, aunado a que a veces no escuchaba con claridad cuando me hablaban, fueron los focos rojos, pero bien rojos, que me dijeron que algo andaba mal. Deje de utilizarlos.
Ahora bien, multipliquen mi caso por los cientos o miles de poblanos [consumdiores] que vienen haciendo uso de audífonos para sus aparatos reproductores, sin darse cuenta todavía de esta situación o que a lo mejor ya saben, pero que les vale un sorbete.
¿Qué piensan acerca del jóven que perdió las piernas esta mañana, por estar escuchando su música con los audífonos? ¿Falta de cuidado?. Esta tragedia sin duda también plantea que el uso de audífonos al caminar, en bicicleta o automovil, es un distractor que nos afecta directamente.
Por todo lo expuesto, creo que no es cuestión menor, pues lo que nos hace falta en México, es CULTURA DE LA PREVENCIÓN en todos los sentidos y en todos los ámbitos. Algunos diran que tal vez ando exagerando al visualizar un escenario social, hipotético y extremo, como los vertidos por José Saramago en algunos de sus libros [que he de confesar, me gustan]; sin embargo, creo firmemente que poner este tema sobre el escenario es un paso en la PREVENCIÓN de un posible [no imposible, ni lejano] problema de salud.
Por otro lado, hay problemas más graves en la sociedad que requieren atención, de ello no tengo la menor duda, sin embargo, el hacer uso del transporte público diariamente, escuchar rock o salsa del pasajero de lado, caminar por las calles y darme cuenta que muchos andan en su mundo mágico cómico musical o que la tecnología da pasos gigantes para ofrecernos los más ultraligeros aparatos reproductores, me hace pensar que no estamos alejados del futuro.
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“Joven arrollado por el tren, pierde las piernas”, esta ha sido la noticia difundida en el noticiero del pueblo. La señora que reportó el accidente, comentó que el jóven no escuchó que venía el tren por que tenía los audífonos puestos, y lógico es pensar, que el volúmen era suficientemente fuerte para no percatarse del sonido tan peculiar que emite este bolido de acero.
Mas allá de la tragedía que resultó para el joven, misma que sentimos debido a todo lo que lleva consigo para la familia, debemos reflexionar el hecho desde varios puntos de vista, y usted será el que decida cual tiene mayor peso o cual tiene mayor relevancia social para los ciudadanos.
Desde que el “Walkman” hizó su aparición a finales de los 70’s, brindó a los individuos [consumidores] la posibilidad de asilarse en su propio mundo bajo las notas músicales de su preferencia. Poseer uno de estos aparatos, nos proporcionaba la sensación de ir caminando a la par de los nuevos tiempos, al lado del futuro. Y hoy, lo sigue haciendo, nada más que ahora le llamamos Ipod o en el caso más popular, lo tenemos integrado al celular.
Escuchar música con el Ipod o con el celular, se ha vuelto un hábito [de consumo] muy común. Llendo al trabajo, caminando en la calle, mientras corremos, a la hora de la comida, en una conferencia aburrida…en fin. De igual manera, el número de personas que lo hacen [siento], va en aumento, y me doy cuenta de ello cuando en un autobus de 30 pasajeros, al menos, seis personas llevan audífonos.
Percatarme del incremento de personas que usan audífonos, en primer lugar me habla de una tendencia social, que de manera académica [digo yo] nos habla del asilamiento que desean los individuos aún estando en un lugar público o de manera sencilla, para los que viajamos en autobus, simplemente nos molesta las rolas del chofer. Sin duda, puede ser motivo de estudio, pero lo más relevante, a mi parecer, no es este hecho lo que nos debe preocupar, sino el problema de salud que podemos tener como sociedad.
Lo anterior lo digo por que cuando utilizamos aúdífonos, perdemos la noción de que tan fuerte estamos escuchando la música. Me ha ocurrido algunas veces, que la persona que viene a mi lado en un transporte público escucha su Ipod tan alto que hasta dos asientos más adelante la pueden oir. ¡Imáginense!, que tan alto está el volúmen para que los demás puedan disfrutar de su música también.
En mi caso particular, he de decir que durante tres años utilice audífonos para escuchar noticias en mi radio portátil, en promedio, cuatro horas diarias, y llegó el punto en que el volúmen no me era suficiente. Este hecho, aunado a que a veces no escuchaba con claridad cuando me hablaban, fueron los focos rojos, pero bien rojos, que me dijeron que algo andaba mal. Deje de utilizarlos.
Ahora bien, multipliquen mi caso por los cientos o miles de poblanos [consumdiores] que vienen haciendo uso de audífonos para sus aparatos reproductores, sin darse cuenta todavía de esta situación o que a lo mejor ya saben, pero que les vale un sorbete.
¿Qué piensan acerca del jóven que perdió las piernas esta mañana, por estar escuchando su música con los audífonos? ¿Falta de cuidado?. Esta tragedia sin duda también plantea que el uso de audífonos al caminar, en bicicleta o automovil, es un distractor que nos afecta directamente.
Por todo lo expuesto, creo que no es cuestión menor, pues lo que nos hace falta en México, es CULTURA DE LA PREVENCIÓN en todos los sentidos y en todos los ámbitos. Algunos diran que tal vez ando exagerando al visualizar un escenario social, hipotético y extremo, como los vertidos por José Saramago en algunos de sus libros [que he de confesar, me gustan]; sin embargo, creo firmemente que poner este tema sobre el escenario es un paso en la PREVENCIÓN de un posible [no imposible, ni lejano] problema de salud.
Por otro lado, hay problemas más graves en la sociedad que requieren atención, de ello no tengo la menor duda, sin embargo, el hacer uso del transporte público diariamente, escuchar rock o salsa del pasajero de lado, caminar por las calles y darme cuenta que muchos andan en su mundo mágico cómico musical o que la tecnología da pasos gigantes para ofrecernos los más ultraligeros aparatos reproductores, me hace pensar que no estamos alejados del futuro.